sábado, 1 de agosto de 2009

Viernes por la noche:
-¡Vete entonces de la casa!, ¡No necesito todo esto! - se oía la voz femenina de la gitana gritando desde dentro.
-me voy, pero sólo porque no es día para discutir. El se puede molestar. -decía él mientras salía de casa.
Dos meses de casados, ella era la gitana; liberal, excesiva... todo en ella era un exceso. Los aretes que usaba la noche que se conocieron, la falda que vestía para dejar ver su hermosa figura moverse al son de la música, aquellos ojos impertinentes que terminaron por convencerlo de que era lo que quería.
La noche que se conocieron, ninguno sabía nada sobre el otro. Por supuesto, él (siempre fiel a sus principios) trató de mantenerse alejado de "la mundana". Pero una fuerza superior a Dios hizo que perdiera sus razones para ser y le preguntara su nombre. En general, ella estaba para trabajar como bailarina en una reunión de gente que no gustaba de ella. Y ellos la habían contratado a pesar de que ella no debía estar ahí. Se podría decir que eran en general eventos desafortunados.
No pasó mucho tiempo hasta que él se diera cuenta de que ambos no podían estar juntos.
Trató de dejarla libre, para que el amor se vuelva mas grande, pero inevitablemente... y muy a pesar de los amigos de él... se volvieron a encontrar.
Ella estaba con una tía cuando la volvió a ver, el cambio era inminente. Cambió sus labios rojos por un caramelo insinuante pero increíblemente sutil. Sus joyas todas estaban durmiendo la siesta junto a su voz. El no podía creerlo, era la misma muchacha?.
Sí lo era.
Ella se le acercó con toda su atípica personalidad y le dijo. -dime bonito, donde te he visto antes?-
El factor desencadenante, dicen que en toda historia de amor existe uno siempre. Pero como en todas las historias de amor, también siempre existe el factor problema.
Empezaron a salir después de las presentaciones de bailarina callejera que ella tenía 7 veces por semana. !Que insulto al día santo! -resonaba la voz de su madre en toda la habitación.
-Cómo puedes permitirte frecuentar a una mujer como ella?-
-Creo que la amo-
-Y ella te ama a ti?-
-Creo que si, nunca lo dice directamente-
-Que venga el sábado al culto y veremos-
Y así empezó la tortura para ambos. La dulce condena que ambos aceptaron incluso aquel día frente a los altares... (un gitano y un pastor)
Y ahora se encontraba orando en un parque esperando alguna respuesta, preguntándose si algún día acabarían todos éstos problemas.
-Mi amor...
El no voltea a verla, está demasiado enojado y preocupado en sus oraciones para fijarse en ella... como se atrevía a interrumpirlo?
-Es importante!...- decía con aquellos ojos que le causaban terror en algunas ocasiones...
El voltea a verla y a secarle las lágrimas. La abraza, el sábado al fin a terminado.
-estoy embarazada, quiero viajar nuevamente... por favor, ven conmigo- Son palabras que el espera constantemente...
En su sillón sentado, viendo a su gitana bailar para él, recuerda cuando se conocieron y piensa en que hará cuando lleguen esos momentos. Mientras tanto, se olvida del sábado y de Dios, y piensa en el ella y en el amor.
Porque él sabe que ella, nunca se alejaría de él, y ella sabe... que aunque Dios y las cartas no quieran, ella se quedará con él.

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